Mora que agachas la mirada
-poniéndote como un velo-
evitando la mirada inquisitiva
de la gente
-por ser diferente-
plebeya, joven y guapa
-piedra preciosa-
en manos del azar,
nadando contracorrienteen aguas de otro lugar,
aguas que aún sin querer,
-inconscientes- ahogan esperanzas...
verdes esmeralda
...que quieren crecer
libres y felices como cada cual
-con derecho a ser diferente-.
Como lo es...
el agua del río, a la de la mar
y beben de la misma fuente
-aunque les diferencia la sal-.
Como lo son...
los verdes de los gigantes
a los del pastizal
y todos son del mismo “reino”.
Como la luz de amanecida,
el azul del mediodía
y las luces rotas del ocaso
-todas son patrimonio “del Cielo”.
Esas aguas...
esos verdes...
esas luces...
pertenecen a toda “la Humanidad”
da igual de que “Verdad”
se ponen en marcha todos los días
para todos por igual.
“Mora de mis amores”
que agachas la mirada
-como poniéndote un velo-
evitando la mirada inquisitiva de la gente
-en el suburbano de mí Madrid-
taladrando el agujero...
¡Aquí todos somos iguales!
-ante la Ley- sin distinción de credos-.
Aquí abajo... ¡todos somos plebeyos!
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28-12-08
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Anotado el 13 de enero de 2009.
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Hace poco, un día que iba en el suburbano- me senté enfrente de una jovencita musulmana. Yo tenía que recorrer 10 paradas (estaciones -el trayecto es aprox. 20 minutos) y la chica iba con la mirada baja -como jugando con un celular, no levantó ni un instante su mirada, ni de reojo. Interpreté que se sentía mal por ser diferente (musulmana -lo digo porque llevaba pañuelo y éso aquí no lo llevan nada más que ellas.
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jueves, 15 de enero de 2009
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