Ni la guitarra se atreve,
cuando el baile hace música;
-el cante se ahoga-
para dar paso al ritmo.
En uno de mis viajes, fui a Córdoba. Me hospedé al lado de la mezquita (impresionante legado de la cultura árabe). Había un tablao cerca (donde se hace musica y baile andaluz) y me sugirió este poema...
Primero entran -en juego- las guitarras, después los palmeros y después los bailaores-as y el cantaor. Es digno de ver, pero al final recuerdo que los bailadores-as se quedan solos zapateando (y hacen música por sí solos, sin guitarras, ni palmas). El bailaor principal, si tiene su día es como si entrara en éxtasis.
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Es un espectaculo digno de ver "y de sentir"
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jueves, 1 de enero de 2009
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